Es la primera pregunta de casi todas las conversaciones, y la respuesta honesta incomoda: depende. Pero no depende de forma caprichosa. Hay un puñado de factores concretos que explican por qué puedes recibir dos presupuestos para «la misma web» con una diferencia enorme entre ellos, y entenderlos te permite comparar peras con peras.
Este artículo no te va a dar una cifra, porque cualquier cifra sin conocer tu proyecto sería inventada. Lo que sí te va a dar es el mapa para leer un presupuesto y saber qué estás comprando.
Qué mueve el precio de verdad
1. El número de páginas, pero sobre todo el número de plantillas
Una web de 40 páginas que usan 4 diseños distintos cuesta bastante menos que una de 12 páginas donde cada una es diferente. Lo que se diseña y se programa es la plantilla; las páginas que la reutilizan son casi coste de contenido. Por eso, cuando pidas presupuesto, conviene hablar de tipos de página (inicio, servicio, artículo, contacto) y no solo del total.
2. Si el diseño es propio o adaptado de una plantilla
Partir de una plantilla comprada abarata el arranque y es una opción legítima para algunos proyectos. El coste aparece después: las plantillas cargan funcionalidades que no usas, suelen penalizar la velocidad y te atan a la estructura que alguien pensó para otro negocio. Un diseño propio cuesta más al principio y menos a lo largo de la vida del proyecto.
3. Las funcionalidades, no la estética
Lo que dispara un presupuesto rara vez es el diseño: son las cosas que tienen que funcionar. Un catálogo con variaciones de producto, un sistema de reservas, un área privada de clientes, una integración con tu programa de facturación o un buscador con filtros son desarrollos, no maquetación.
4. Quién escribe los textos y de dónde salen las imágenes
Es la partida que más se subestima y la que más retrasos provoca. Si los contenidos los aportas tú, el proyecto es más barato y más rápido, siempre que existan de verdad. Si hay que escribirlos, estructurarlos para posicionamiento y producir fotografía propia, es trabajo adicional que debe estar presupuestado y no aparecer a mitad de camino.
5. Si el SEO técnico va incluido o se vende aparte
Aquí está una de las grandes diferencias entre presupuestos. Una web puede entregarse funcionando y ser invisible en Google: sin estructura semántica, sin metadatos, sin datos estructurados, sin sitemap y con una velocidad de carga mediocre. Corregir eso después cuesta más que hacerlo bien desde el principio.
Si un presupuesto no menciona velocidad, estructura, medición ni SEO técnico, no es que sea más barato: es que cubre menos cosas.
Los costes que casi nadie te cuenta al principio
- Dominio y alojamiento: son gastos recurrentes anuales o mensuales, independientes del desarrollo.
- Mantenimiento: actualizaciones, seguridad, copias de seguridad y monitorización. Una web sin mantener envejece y acaba siendo un riesgo.
- Licencias de terceros: algunos plugins, pasarelas o servicios tienen cuota propia.
- Textos legales: aviso legal, privacidad y cookies deben estar redactados para tu caso, no copiados de otra web.
- Cambios posteriores: conviene saber de antemano qué se considera un ajuste incluido y qué es un encargo nuevo.
Cómo comparar dos presupuestos sin equivocarte
Cuando tengas varias propuestas delante, la comparación útil no es la cifra final, es el alcance. Estas preguntas separan rápido una propuesta seria de una que se va a complicar:
- ¿Qué incluye exactamente y qué queda fuera, por escrito?
- ¿El diseño es propio o parte de una plantilla comprada?
- ¿Quién escribe los textos y quién aporta las imágenes?
- ¿El SEO técnico y la medición están incluidos o se facturan aparte?
- ¿De quién es el dominio, el alojamiento y el código cuando termine el proyecto?
- ¿Podré editar yo el contenido que cambia a menudo, y con qué formación?
- ¿Qué plazo hay y de qué depende que se cumpla?
- ¿Qué pasa después del lanzamiento: hay mantenimiento y qué cubre?
La séptima y la octava son las que más disgustos evitan. Un proyecto se encalla casi siempre por falta de contenidos, y una web se abandona casi siempre por falta de mantenimiento.
| Concepto | Cuándo se paga | De qué depende |
|---|---|---|
| Diseño y desarrollo | Una vez, al hacer el proyecto | Número de plantillas, diseño propio o adaptado, funcionalidades |
| Dominio | Todos los años | La extensión: un .es y un .com no cuestan lo mismo |
| Alojamiento | Cada mes o cada año | El tipo de web y el tráfico que tenga que aguantar |
| Textos e imágenes | Una vez, y en cada ampliación | Si los aportas tú o los encarga quien hace la web |
| Textos legales | Una vez, revisándolos si cambia algo | Que se redacten para tu caso y no se copien de otra web |
| Licencias de terceros | Normalmente cada año | Extensiones, pasarelas de pago o servicios con cuota propia |
| Mantenimiento | Cada mes | Qué cubre: actualizaciones, copias, monitorización y cambios |
| Cambios posteriores | Cuando los pidas | Qué se considera ajuste incluido y qué es encargo nuevo |
Desliza la tabla para ver el resto
No pongo cifras en esta tabla a propósito. Cualquier número que leas en un artículo es el de otro proyecto, con otro alcance y en otro momento, y compararlo con el tuyo solo sirve para llevarte una idea equivocada.
La pregunta mejor planteada
«Cuánto cuesta una página web» tiene menos utilidad que «cuánto me tiene que generar esta web para que merezca la pena». Si un presupuesto se recupera con dos o tres clientes nuevos al año, la conversación cambia por completo: deja de ser un gasto que se intenta minimizar y pasa a ser una inversión que se dimensiona.
Por eso el primer paso razonable no es pedir precio, sino explicar el negocio: a quién vendes, cómo te encuentran hoy tus clientes y qué quieres que pase cuando alguien entre en la web. Con eso sobre la mesa, el presupuesto se puede cerrar con detalle y sin partidas abiertas.